dimecres, 12 d’abril de 2017

Sobre el canon literario escolar

Esta semana he tenido una de las experiencias académicas más reconfortantes del presente curso: mis alumnos de 1º de Bachillerato tenían como lectura obligatoria la de D. Quijote de la Mancha y han salido del examen con los ojos brillantes de satisfacción intelectual.

Hacía mucho tiempo que había renunciado a la posibilidad de proponer esta obra: la distancia situacional, referencial, léxica, así como la disminución de las habilidades y capacidades lectoras no me ofrecían garantías de que pudieran disfrutar del texto. No obstante, la mala conciencia de estarles privando de una obra fundamental del patrimonio occidental, así como el descubrimiento de la excelente adaptación realizada por Eduardo Alonso para la editorial Vicens-Vives, me animó a proponérsela.
El día del examen fui con miedo a clase, esperaba su sentencia en el momento de devolverme la prueba, temí sus miradas de cansancio, de aburrimiento y sin embargo, lo que vi en ellos fue totalmente distinto: vi orgullo, satisfacción, ese brillo de la mirada que solo se alcanza con el placer intelectual y con la superación de un reto. Luego, leyendo las opiniones personales y las aportaciones que de la obra pensaban haber recibido encontré, para mí, nuevos placeres. La lectura de El Quijote ha sido un éxito porque, en cuanto les hemos adaptado un poco el lenguaje a su nivel, han podido disfrutar de una plenitud lectora que solo ofrecen obras maestras como la de Cervantes. La clase de revisión, comentarios y aportaciones al examen, sin duda, la mejor en muchos años.

Y esta experiencia nos trae al tema del canon literario escolar
Según la RAE en su quinta acepción el canon es un Catálogo de autores u obras de un género de la literatura o el pensamiento tenidos por modélicos.













Durante años, el profesorado nos hemos esforzado en conseguir que nuestros alumnos adquieran el hábito lector. Lo malo es que con frecuencia hemos estado dispuestos a pagar un precio muy elevado: el de la falta de calidad literaria de nuestras propuestas. Buscando títulos que fueran aptos para todos los alumnos hemos realizado prescripciones en las que el vocabulario era pobre y torpe, los significados inmediatos y vulgares y las historias simples y triviales en un afán desmesurado de ser comprendido por todos.
Las consecuencias: que los chicos, lectores inteligentes y sensibles "per se" no hallaban placer estético ni literario y leer obras de esas características no les resultaba tampoco atractivo. Son títulos que no pueden competir en agilidad y diversión con cualquiera de las modernas formas de entretenimiento y que desde el punto de vista de la aportación cultural tampoco tienen nada que ofrecerles.
Como dice Pedro C. Cerrillo  en su obra El lector literario (2016):
"El objetivo lector de niños y adolescentes debería ser solo el placer de leer libros con las palabras bien elegidas, bien combinadas y bien expresadas, sin buscar necesariamente la acción trepidante, el significado inmediato, la aventura sin pausa o la enseñanza concluyente: de ese modo, los cánones escolares de lecturas, sobre todo en los primeros momentos, serían planes preparatorios necesarios para acceder más adelante a lecturas más complejas, incluso a lecturas de clásicos; esos cánones deberían formarse con lecturas literarias honestas, bien escritas, variadas en géneros (álbum ilustrado, cuento, poesía y teatro), y que exijan un cierto esfuerzo en los lectores; y en todos los casos, a partir de determinada edad, a los adolescentes se les debe ofrecer la lectura de obras clásicas de la literatura universal, porque condensan una riqueza literaria tan grande que no podemos ocultarla, planteándoles la dificultad de su lectura como un reto y no como una barrera." (p. 121)

En este sentido, Ana María Machado en Lectura, escuela y creación literaria (2002) apunta:
"Cada uno de nosotros tiene derecho a conocer -o al menos saber que existen- las grandes obras literarias del patrimonio universal: La Biblia, la mitología grecorromana, La Ilíada y La Odisea, el teatro clásico, El Quijote, la obra de Shakespeare y Camôes, Las mil y una noches, los cuentos populares [...] Varios de esos contactos se  establecen por primera vez en la infancia y juventud, abriendo caminos que pueden recorrerse después nuevamente o no,  pero ya funcionan como una señalización y un aviso."(pp.37-38)

Esta es la razón por la que desde el curso 2015 se ha establecido en el IES Pare Vitoria un canon lector propio, que se revisa anualmente y que no siendo cerrado pretende, sin embargo, incluir los principales referentes de nuestro entorno cultural que nuestros alumnos tienen derecho a conocer y a disfrutar. Aquí abajo tenéis el enlace, por si queréis consultarlo y/o proponer modificaciones.
https://docs.google.com/a/iesparevitoria.com/spreadsheets/d/1HRt5vBKNgyHi7njNh97bZ5lOg375YIi80Z_DKUFAWRk/edit?usp=sharing




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